Luis Bolivar - Cronicas

CRÓNICAS

30/01/2010
30/01/2010
Tras las huellas de la consagración
Revista LA FAENA
LUIS BOLÍVAR, el mejor torero de América

ambiciosos en su palmares, consagran a Luis Bolívar como el mejor torero de América. Con toreros como Luis Bolívar, ceñidos desde la cuna a una estrella triunfalista, sucede como en las grandes obras operáticas o joyas del arte lírico, que comienzan con suaves rumores estivales en bosques florecidos, y alcanzan la suma heroica de las bombardas en acantilados de mares embravecidas.

En síntesis, lo que llamaban los revisteros de época: "crecer en silvestre para romper y dejar huella". Bolívar tiene la es­tampa, la médula y la factura del genio que pone al servicio del arte una cabeza bien sembrada y fecunda en el entendi­miento y la lidia de los astados, un valor incomparable para ponerse delante de la cara del toro, una técnica labrada a pundonor en el oficio, y un apetito inagotable de abrir los aldabones de las grandes plazas.

Rayano en el lugar común es que Luis Bolívar se le compare con César Rincón, y se presagie como el sucesor a la cabeza de los destinos de la tauromaquia colombiana. Pero no. Rin­cón es Rincón y Bolívar es Bolívar. Cada uno en su respectivo apartado. Sin ser incisivos en odiosas comparaciones, aun­que sin desconocer que los dos comparten ese credo nutrido por la linfa esencial del amor a la profesión, el gustazo de estar en cualquier ruedo o tentadero, y el orgullo de la colombianidad prendida cual divisa en el corazón de la cha­quetilla, en cualquier lugar del planeta taurino. Cerebral, íntegro, muy seguro, con aires de gladiador postmodemo, Bolívar, de la mano de uno de los mejores tuto­res y apoderados del mundo, el señor Luis Alvarez, viene acele­rando lo más puro y exquisito de su tauromaquia con ese motor de 'rompeolas', el que sorprende, el que llena las plazas y ago­ta los billetes; y el que se encumbra cada vez más a esas altu­ras privilegiadas del heroísmo y la gloria imperecedera.

Ese talante suyo, que es la llave certera que abre las puertas grandes de las plazas americanas, agregado a la fructífera campaña pasada por sangre de este año en España, con la peligrosa cornada que sufrió el 20 de agosto en la feria de Málaga; los clamorosos reconocimientos en Sevilla y Madrid, y en alberos franceses; las páginas memorables de sus re­cientes actuaciones en Maracaibo y Quito, y otros capítulos

La afición colombiana (lamentablemente no la de Bogotá, por un desacuerdo entre apoderado y empresario) tendrá una vez más la oportunidad de admirar un Bolívar curtido de faenas, mentalizado, maduro, con el valor palpitante en sus instru­mentos, en el capote, en la muleta, en su fulminante acero, pero por encima de eso, entregado a su oficio, que es su reli­gión desde que despunta el alba hasta que muere el día.

En la feria de Cali, el 28 de diciembre, en el cartelazo que comparte con José Ignacio Uceda Leal y Miguel Ángel Perera. una corrida de Ernesto González Caicedo, Bolívar inicia el periplo de una temporada grande en Colombia que, estamos seguros, será brillante, como lo fue en Cañaveralejo 2008-2009, tras recibir el codiciado trofeo del 'Señor de los Crista­les', presea que obtuvo por las ocho orejas y las tres puertas grandes en esa importante plaza.

"Ahora le veo más opciones a muchos más toros que otros años, algo fundamental que me permite llevar esa regulari­dad y dar esos pasos día a día", manifestó Bolívar en reciente entrevista concedida a la revista Aplausos', a propósito de su balance en ruedos españoles, y a la enorme recompensa del público de la que fue protagonista en Madrid y en Sevilla. Por eso, como lo anotamos al principio, Luis tiene esa particu­laridad artística que sólo se aprecia en las grandes piezas del repertorio lírico, que se van decantando poco a poco, sin pri­sas, de la sima a la cima, como tiene que ser en el sabio apren­dizaje de la facultades divinas y terrenales, una cátedra que sólo la da el oficio, la entrega y el valor: ver torear al Bolívar actual es un ejercicio similar al de escuchar atentos 'La He­roica' de Beethoven: se siente el pulso dramático de su dies­tra acompasada, lenta y rotunda en los vuelos de la muleta.

Lástima por Bogotá que se va a perder el excelso potaje de su tauromaquia, de su categoría sinfónica, de su duende de 'rompeolas'. Total, hay Bolívar para mucho rato.

"Soy torero y lo que tengo que hacer es torear", es su máxima frecuente. Y ella sintetiza su legado