20/03/2009
Bolívar y Ferrera levantan la Feria. LAS PROVINCIAS
Texto: Sandra Gónzalez. Feria de la Magdalena / CASTELLÓN
La tradicional victorinada no podía faltar a la cita magdalenera aunque este año no cerraron el ciclo como venía siendo habitual. Había expectación, como siempre, aunque la gente no respondió como otros años y la plaza no terminó de llenarse. Quizá la crisis económica también está empezando a hacer mella en las primeras ferias de la temporada.
La expectación no defraudó y es que los victorinos, para bien o para mal, no dejaron indiferente a nadie. Dos toros fueron premiados con la vuelta al ruedo, los dos que facilitaron que Luis Bolívar y Antonio Ferrera abrieran la puerta grande al cortar dos orejas a sus toros.
El primero en hacerlo fue Luis Bolívar, que entendió a la perfección a su primer toro, un ejemplar encastado, con una embestida que tuvo transmisión en el tendido. El toro, muy en el tipo de la casa, tuvo recorrido y el colombiano, muy firme durante toda la actuación lo toreó de manera sensacional en un trasteo limpio y preciso, tanto por el pitón derecho como por el izquierdo. Mató de una estocada desprendida y a sus manos fueron a parar las dos orejas y el presidente premió con una merecida vuelta al ruedo al toro.
No pudo redondear en su segundo, un toro con menos transmisión y que embestía más sosote. Alguna tanda extrajo el colombiano pero el trasteo no pasó a mayores.
Abrió también la puerta grande Antonio Ferrera, que desorejó a su segundo astado, un Victorino serio, con cuajo, con cinco años pasados y cuya mayor virtud fue la nobleza y la templanza. Sobre todo por el pitón izquierdo, por donde tuvo recorrido.
Ferrera anduvo un tanto acelerado y otro tanto por debajo de las cualidades de un toro que requería mayor templanza y sosegamiento. Aún así, no le faltó voluntad al extremeño, que desató el clamor en banderillas, con un par al quiebro muy arriesgado. Ya con el capote, que se dejó torear el de Victorino Martín, empezó a enseñar sus cualidades. Al final, dos orejas un tanto excesivas para el espada y la vuelta al ruedo al toro.
Pudo cortar también Ferrera alguna oreja a su primero si no llega a fallar con la espada. Ante él tuvo un toro encastado, que exigía hacerle las cosas bien, aunque se quedaba corto en su recorrido, lo que obligó al torero a reponerse con agilidad y viveza. Electrizante fue la faena.
El Fundi, que abría cartel, se quitó de encima muy pronto a su primero, al que no le vio posibilidad alguna de hacer faena. Sí es verdad que el toro en ningún momento se entregó.
Con su segundo expuso mucho más ante un toro de Victorino que no tenía muchas facilidades. Hubo predisposición por parte del de Fuenlabrada, que no quiso irse de vacío.
El toro, tobillero, reponía deprisa y en un descuido, prendió a El Fundi propinándole una herida en el cuello y un varetazo en la ingle. Pero siguió con la lidia del animal, despechándolo de una estocada y consiguiendo una oreja.