19/03/2009
La casta, la bravura y el toreo, emocionan en Castellón. BURLADERO.COM
Texto: Carlos Crespo. Feria de la Magdalena / CASTELLÓN
¡Qué gran tarde de toros en Castellón! ¡Qué emocionante es ver embestir a los toros con esa entrega, codicia y bravura! ¡Qué gusto da ver a un animal humillar con tanta clase y con esa transmisión! ¡Y qué lección ha dado El Fundi con uno de los más complicados de Victorino! !Y cómo ha aprovechado Bolívar su oportunidad!¡Cuánta verdad en el ruedo!
La quinta de la Magdalena fue de esas corridas de las que hacen afición. Imposible aburrirse. Por los toros y por los toreros. Casta por todas partes y emoción a raudales. Y buena culpa de ello la tuvieron los toros de Victorino Martín, que envió a Castellón un encierro muy desigual de hechuras pero que tuvieron como principal virtud la entrega y la casta. Lo que no es fácil de conseguir.
Tan sólo hubo un garbanzo negro, lidiado en primer lugar. Pero ese toro no es ni siquiera un borrón a la corrida. El segundo toro, de nombre Bosanovo, ya marcó el ritmo de la corrida. Herrumboso y Buscador, lidiados en tercero y quinto lugar, pusieron el listón de la feria muy alto. Tal vez inalcanzable para el resto de ganaderías que se darán cita en los próximos días.
Todos interesantes pero todos diferentes. En la variedad está la diversión. Diversos comportamientos y diferentes embestidas. Porque si el tercero destacó por su bravura, codicia y exigencia en la muleta, el quinto lo hizo por su gran clase y nobleza.
Pero vayamos por parte. El primer toro de bandera fue el tercero, marcado con el número 64, de nombre Herrumboso y de 445 kilos. Cinqueño, como casi toda la corrida, y muy justito de presencia. Con poca caja y menos volumen que el resto de sus hermanos. Pero que humilló bien en el capote de Bolívar, que toreó a la verónica con gusto, sacándoselo a los medios. El Victorino fue cambiante. De los que son difíciles de ver. Porque en varas, donde recibió un puyazo cortito, salió suelto.
Desentendiéndose de la pelea. Tampoco tuvo fijeza en banderillas. Muy a su aire y muy mal lidiado. Pero su comportamiento cambió radicalmente en la muleta del colombiano, que se fue a los medios para citar de lejos. Sólo fueron cinco series, tres por el derecho y otras dos al natural. Pero intensas de verdad.
Herrumboso, que hasta este momento no había tenido condición de bravo, fue bravo de verdad en la muleta. Imposible embestir con más codicia y entrega. Un torrente de emoción. Queriéndose comer la muleta y embistiendo por abajo. Torear a un toro así no es fácil. Y Bolívar superó la papeleta con muchas creces. Alargando la embestida en las dos primeras series, a media altura. Y bajando mucho la mano al natural, toreando lo más despacio posible y ligando. Dominando la embestida, queriendo siempre. A la altura de una prueba nada fácil, convenciendo los dos. El animal hubiese aguanta más series, pero el caleño amarró el trofeo con un auténtico estoconazo. Dos orejas y vuelta al ruedo justa para el Victorino.
Superada esa prueba, Bolívar cumplió con el sexto, un toro que se paró en el capote, se dejó pegar en el caballo y que aunque resultó manejable, tuvo menos transmisión. Ninguno terminó de apretar el acelerador.
El gran lote fue para Antonio Ferrera que cortó dos orejas a Buscador, otro gran toro con muchísima clase. Un Victorino que hacía el avión y que se entregó con dulzura y clase en todos los tercios y con el que el extremeño fue todo pundonor. Primero, con las banderillas, en un arriesgado par al quiebro, donde tragó tela. Ferrera puso todo de su parte. Tanto por el lado derecho, citando descruzado y al hilo, como al natural, un pitón de mucha calidad, por donde surgió algún muletazo templado. Virtud que también tuvo el Victorino. Dos orejas y otra vuelta al toro.
A su segundo, un Victorino muy serio, lo recibió con una larga cambiada. Ya de pie, toreó con decisión a la verónica, donde Bosanovo comenzó a entregarse. El toro tenía temple en su embestida y Ferrera arrancó algo acelerado, violentando a un animal con el que no llegó a acoplarse.
El peor lote fue para El Fundi, que no tuvo la mínima opción con el desrazado primero, un Victorino de feísimas hechuras. Pero en el cuarto, el de Fuenlabrada dio toda una lección de poderío, técnica y cabeza. Pedazo torero. Qué maestría. Cómo aguantó las coladas de un complicadísimo toro, que no quería pasar por la muleta y que acabó entregado al madrileño. Cómo le toreó al natural. Cómo se la jugó.
Porque El Fundi estuvo sensacional, muy por encima de un animal que reponía y le buscaba. Hasta que le encontró y le propinó una feísima voltereta, infiriéndole una cornada en la mandíbula. Y él, sin inmutarse, se volvió a la cara del toro para robarle varios naturales de mérito, arrojo y exposición. De torero grande.